Napoleón — 1 de diciembre de 1805
La Historia no espera a nadie.
¿Qué habría ocurrido si uno de los personajes más importantes de la Historia hubiera despertado convertido en mujer... y la Historia hubiera continuado desde ese mismo instante?
Capítulo 18
Cuartel General francés, Moravia
La pluma dejó de moverse.
Napoleón mantuvo los ojos sobre el despacho durante unos segundos más.
La hoja seguía siendo la misma.
Una columna francesa había sido observada avanzando hacia Raigern.
Nada había cambiado en aquellas palabras desde que habían llegado a sus manos.
Lo que había cambiado era la forma de leerlas.
Napoleón levantó lentamente la cabeza.
—Berthier.
—Sire.
—¿Cuándo ha salido este despacho de su origen?
Berthier miró nuevamente el documento.
—No lo indica.
—Ya lo sé.
La respuesta no tuvo dureza. Solo impaciencia contenida.
—Quiero saber cuándo pudo haber comenzado su recorrido.
Berthier acercó el papel hacia sí.
La luz grisácea de la mañana entraba por la abertura de la tienda y apenas alcanzaba la mesa. Más allá de la lona se oían pasos sobre el terreno húmedo. Un caballo relinchó brevemente y después volvió a escucharse el murmullo constante del campamento.
Berthier repasó las anotaciones.
—Podría haber sido recibido antes de lo que pensamos.
—¿Y transmitido?
—También.
Napoleón extendió una mano.
—Entonces no tenemos nada.
Berthier levantó los ojos.
—Tenemos la observación, Sire.
—Tenemos una observación.
Napoleón señaló la hoja con un dedo.
—No tenemos la hora. No tenemos el lugar exacto. No tenemos la unidad. Y no sabemos cuánto tiempo ha transcurrido desde que esa columna fue vista.
Berthier asintió.
—No, Sire.
Napoleón volvió a mirar el mapa.
Raigern estaba allí, inmóvil, reducido a tinta y papel.
Pero los hombres no permanecían inmóviles.
Una columna que avanzaba por un camino a las seis de la tarde del día anterior podía encontrarse muchas horas después a una distancia completamente distinta. El papel conservaba el pasado. El ejército, no.
Napoleón apoyó ambas manos sobre la mesa.
—¿Quién ha visto la columna?
Berthier buscó entre los documentos.
—El informe procede de la cadena de observación avanzada. El oficial que lo ha traído no fue quien realizó la observación.
—Entonces tampoco puede decirme qué vio realmente.
—No, Sire.
Napoleón permaneció en silencio.
Aquello era precisamente lo que le preocupaba.
No la falsedad del informe.
La posibilidad de que fuese completamente verdadero.
Un informe podía ser exacto y, sin embargo, llegar tarde.
Podía describir perfectamente un ejército que ya no estuviera donde el lector del despacho imaginaba.
Napoleón deslizó la mirada desde Raigern hacia el resto del mapa.
El movimiento francés hacia aquella zona tenía una importancia que no podía reducirse a una posición concreta.
Davout debía acercarse.
Cuanto antes pudiera contar con sus tropas, mayor libertad tendría para asumir riesgos en el otro extremo del campo de batalla.
Pero todavía no sabía cuánto había avanzado.
Ni cuánto tardaría en llegar.
Ni cuánto de aquella información pertenecía ya al pasado.
—Necesito una noticia más reciente —dijo.
Berthier tomó inmediatamente la pluma.
—¿De Davout?
Napoleón no respondió enseguida.
Su mirada seguía recorriendo el mapa.
—De cualquiera que pueda decirme dónde están realmente nuestras tropas.
Berthier escribió.
—Sí, Sire.
Afuera, un ayudante pasó junto a la tienda acompañado por dos soldados. Las voces llegaron amortiguadas a través de la lona y desaparecieron rápidamente.
Napoleón se incorporó.
Había algo más.
Una pieza que todavía no encajaba.
Sus ojos regresaron hacia el sector oriental.
Después se desplazaron hacia el sur.
Los movimientos enemigos eran cada vez más difíciles de ignorar.
No se trataba de un único grupo aislado.
Había actividad.
Desplazamientos.
Tránsito de tropas.
Una concentración que parecía crecer en dirección al sector derecho francés.
Aquello era visible.
Pero visible no significaba comprendido.
Napoleón señaló una zona del mapa.
—¿Qué sabemos de los movimientos aliados aquí?
Berthier se inclinó sobre la mesa.
—Los últimos informes indican actividad hacia el sur.
—¿Qué informes?
Berthier buscó entre los papeles.
—Varios, Sire.
—¿Todos dicen lo mismo?
—En términos generales.
Napoleón levantó la mirada.
—Eso no responde a mi pregunta.
Berthier comprendió.
Volvió a revisar los documentos.
—No exactamente.
—¿Qué cambia?
—La hora. La procedencia. El tamaño estimado de las fuerzas.
Napoleón extendió la mano.
—Enséñemelos.
Berthier colocó dos hojas junto al mapa.
Napoleón las leyó.
Una hablaba de movimiento hacia el sur.
La otra hacía referencia a tropas observadas en una zona próxima, pero sin proporcionar una identificación completa.
No eran contradictorias.
Pero tampoco eran equivalentes.
Napoleón permaneció inclinado sobre ambas.
—¿Cuál es la más reciente?
Berthier indicó una de ellas.
—Esta.
—¿Cuánto más reciente?
Berthier buscó la anotación.
—No puedo asegurarlo.
Napoleón alzó la vista.
Durante un instante pareció que iba a responder.
No lo hizo.
Respiró lentamente.
Aquella mañana todo parecía reducirse a la misma dificultad.
La distancia de un despacho.
La distancia entre lo que había ocurrido y el momento en que él lo conocía.
Napoleón volvió a mirar las dos hojas.
El enemigo se movía hacia el sur.
Eso parecía cada vez más claro.
Pero todavía no sabía cuánto.
Ni con qué fuerzas.
Ni qué quedaba detrás.
Y, sobre todo, no sabía qué significaba todavía.
Su dedo recorrió lentamente el mapa.
Pratzen.
Las alturas seguían allí.
No vacías.
No ocupadas en una proporción que pudiera determinar.
Simplemente allí.
Había recibido indicios.
Nada más.
Napoleón no necesitaba que el enemigo le mostrara su plan.
Necesitaba que cometiera suficientes movimientos como para que él pudiera reconstruirlo.
Volvió a hablar.
—Berthier.
—Sire.
—Quiero que separemos los informes.
Berthier esperó.
—Los que describen lo que alguien ha visto. Los que contienen una estimación. Y los que confirman una posición.
—Sí, Sire.
—No quiero que una estimación aparezca escrita como si fuese una posición confirmada.
—Comprendido.
Napoleón tomó uno de los despachos.
—Y quiero la hora de cada observación.
Berthier asintió.
—Haré que la busquen.
—No.
Berthier se detuvo.
Napoleón levantó la vista.
—Haga que la busquen ahora.
—Sí, Sire.
Berthier se volvió hacia la entrada.
—¡Oficial!
Un ayudante apareció casi inmediatamente.
—Sire.
—Lleve estas instrucciones a la oficina. Quiero que reconstruyan la hora de observación de cada informe relacionado con los movimientos aliados y con nuestras tropas hacia Raigern. No la hora de recepción. La hora de observación.
El oficial asintió.
—Sí, Sire.
—Y si no pueden establecerla, quiero que conste que no pueden establecerla.
—Sí, Sire.
El hombre desapareció.
Napoleón volvió al mapa.
Durante unos segundos no dijo nada.
El campamento continuaba despertando alrededor de ellos.
El frío seguía instalado bajo la lona.
Una gota de humedad descendió lentamente por el borde de una mesa y cayó sobre la madera.
Napoleón ni siquiera la miró.
Había vuelto al sector sur.
Los movimientos continuaban.
Aquello era lo que importaba.
El enemigo estaba haciendo algo.
Y, aunque todavía no sabía exactamente qué, empezaba a ser posible que aquellos movimientos no fueran simplemente una reacción defensiva.
Podían estar comprometiendo fuerzas.
Podían estar extendiéndose.
Podían estar dejando algo expuesto.
Podían.
Napoleón se detuvo en ese pensamiento.
Todavía no.
Aún faltaban datos.
Faltaba saber qué fuerzas permanecían detrás.
Faltaba conocer la posición real de las tropas francesas que debían cubrir su derecha.
Faltaba comprobar cuánto de aquellos movimientos pertenecía al presente y cuánto al pasado.
Pero la hipótesis seguía allí.
Y, por primera vez aquella mañana, parecía un poco más sólida.
Napoleón levantó la cabeza.
—Berthier.
—Sire.
—Cuando llegue el próximo informe, no quiero que me diga solamente dónde están.
Berthier esperó.
—Quiero saber cuándo fueron vistos allí.
—Sí, Sire.
Napoleón volvió los ojos al mapa.
Esta vez no buscó una respuesta.
Buscó la siguiente pieza.
Todavía no podía decir que su plan tendría éxito.
Pero quizá, si los movimientos continuaban...
Quizá el enemigo acabaría dándole la información que necesitaba.
Comentarios
Publicar un comentario