Napoleón — 1 de diciembre de 1805 — 06:47
La Historia no espera a nadie.
¿Qué habría ocurrido si uno de los personajes más importantes de la Historia hubiera despertado convertido en mujer... y la Historia hubiera continuado desde ese mismo instante?
Capítulo 11
06:47
La mañana apenas comenzaba.
Napoleón seguía inclinada sobre el mapa.
La mirada permanecía fija sobre las posiciones aliadas.
El movimiento hacia el sur continuaba.
No era necesario que levantara la cabeza para saber que Berthier seguía allí.
Oyó el sonido de unos pasos al otro lado de la tienda.
La lona se abrió.
Un oficial entró.
Llevaba todavía sobre el uniforme las señales de haber pasado parte de la noche a caballo.
Se detuvo ante Berthier y le entregó un documento.
Berthier lo recibió.
No dijo nada inmediatamente.
Desplegó el papel.
Napoleón levantó los ojos.
—¿Noticias?
—Sí, Sire.
Berthier recorrió rápidamente las líneas.
Después volvió a leerlas.
No parecía tratarse de un despacho de un mariscal.
Napoleón lo advirtió.
—¿De quién?
Berthier levantó la vista.
—De caballería.
Napoleón extendió la mano.
Berthier le entregó el documento.
Napoleón lo leyó.
Era breve.
La información no procedía directamente del mariscal Davout.
Un elemento de caballería había recogido noticias sobre el movimiento de las tropas que avanzaban hacia Raigern.
La columna continuaba su marcha.
No se señalaba ninguna interrupción importante.
No había ninguna petición de ayuda.
Pero tampoco había una posición suficientemente precisa que permitiera a Napoleón saber exactamente dónde se encontraba en aquel momento.
Napoleón volvió a leer la última línea.
La marcha continuaba.
Eso era útil.
No suficiente.
Devolvió el papel a Berthier.
—Bien.
Berthier dobló el documento.
Napoleón volvió al mapa.
Su dedo recorrió lentamente la línea que representaba el movimiento aliado.
Después se detuvo.
—¿Cuánto hace que fue recogida esa información?
Berthier miró de nuevo el documento.
—No lo precisa, Sire.
Napoleón asintió.
Eso era menos satisfactorio.
Una información incompleta seguía siendo información.
Pero no debía confundirse una indicación con una certeza.
Davout estaba en marcha.
Eso lo sabía.
Cuánto había avanzado exactamente, cuánto tardaría en reunirse con el resto del ejército y en qué condiciones llegarían sus hombres eran cuestiones diferentes.
—¿Davout?
Berthier negó con la cabeza.
—Todavía no.
Napoleón no respondió.
Volvió a mirar el mapa.
La información de la caballería no sustituía al informe del mariscal.
Pero, por el momento, no había nada que indicara que la marcha hubiera sido interrumpida.
Eso bastaba para continuar esperando.
Napoleón desplazó la mano hacia el sector donde esperaba que se produjera el movimiento decisivo del enemigo.
—Que me traigan inmediatamente cualquier comunicación procedente de Raigern.
—Sí, Sire.
Berthier guardó el documento.
Napoleón ya había dejado de pensar en él.
Su atención estaba nuevamente sobre el enemigo.
Los informes seguían llegando desde distintos puntos.
Algunos movimientos aliados parecían confirmar una concentración cada vez mayor hacia el sur.
Pero todavía no podía saberse con certeza hasta dónde llevarían aquel desplazamiento.
Napoleón volvió a mirar Pratzen.
La posición seguía allí.
El enemigo seguía teniendo múltiples opciones.
Y él todavía no sabía cuál escogería.
Lo único que podía hacer era esperar nuevos informes.
06:50.
06:50.
Comentarios
Publicar un comentario