Napoleón — 1 de diciembre de 1805 — 06:43
La Historia no espera a nadie.
¿Qué habría ocurrido si uno de los personajes más importantes de la Historia hubiera despertado convertido en mujer... y la Historia hubiera continuado desde ese mismo instante?
Capítulo 10
El ruido de una silla desplazándose sobre la madera se perdió entre el resto de los sonidos.
Napoleón no levantó inmediatamente la mirada.
Delante de ella había tres documentos abiertos.
Uno contenía las últimas informaciones procedentes del norte.
Otro mostraba las posiciones conocidas de las fuerzas francesas.
El tercero permanecía prácticamente intacto.
Era el que correspondía al sur.
Davout.
Napoleón dejó que pasaran unos segundos.
Al otro lado de la mesa, Berthier terminaba de leer un despacho que acababa de recibir.
El mariscal dobló cuidadosamente el papel.
—El movimiento continúa, Sire.
Napoleón levantó los ojos.
—¿Hacia el sur?
—Sí.
Berthier señaló una de las posiciones marcadas sobre el mapa.
—Las columnas enemigas continúan desplazándose en esa dirección.
Napoleón miró el mapa.
No necesitaba que Berthier le explicara lo que significaba.
Durante toda la noche había estado esperando precisamente aquello.
El enemigo seguía extendiéndose.
Seguía alejándose del centro.
Seguía dejando que la masa principal de sus fuerzas se desplazara hacia la ala derecha francesa.
Napoleón apoyó un dedo sobre el mapa.
—Déjelos avanzar.
Berthier asintió.
—Sí, Sire.
El mariscal hizo ademán de retirarse.
—Berthier.
Se detuvo.
Napoleón no apartó los ojos del mapa.
—¿Davout?
La pregunta fue breve.
Berthier miró hacia la mesa situada detrás de él, donde varios despachos permanecían agrupados.
No necesitó revisarlos todos.
Los conocía.
—Todavía no tenemos un informe directo del mariscal.
Napoleón permaneció inmóvil.
No hubo gesto de preocupación.
Ni impaciencia.
Simplemente volvió a mirar el mapa.
Sabía que Davout estaba en marcha.
La orden había sido transmitida.
Friant había partido.
La marcha continuaba.
Lo que no sabía era cuánto había avanzado durante las últimas horas.
Y eso era diferente.
—Cuando llegue —dijo finalmente—, tráigamelo inmediatamente.
—Naturalmente, Sire.
Berthier se volvió.
Antes de que pudiera dar dos pasos, Napoleón añadió:
—Y no detenga los demás despachos para buscarlo.
Berthier giró ligeramente la cabeza.
—¿Sire?
—El ejército no espera a un solo hombre.
La frase quedó suspendida durante un instante.
—Seguid con el resto.
—Sí, Sire.
Berthier se marchó.
Napoleón volvió al mapa.
El silencio duró apenas unos segundos.
Después desapareció.
Una puerta se abrió.
Un oficial entró con otro despacho.
Un secretario cruzó la tienda.
Dos mensajeros esperaban fuera.
Una orden salió hacia una unidad.
Otra llegó desde otra dirección.
El cuartel general volvía a absorber el espacio.
Napoleón tomó el nuevo documento.
Lo leyó.
Una pequeña modificación en la disposición enemiga.
Nada decisivo.
Todavía.
Levantó la mirada.
—¿Dónde está Soult?
El oficial respondió inmediatamente.
—En su puesto, Sire.
—¿Y Lannes?
—También.
Napoleón hizo una breve pausa.
—Bien.
Volvió a sentarse.
Su mirada regresó al mapa.
La derecha.
El centro.
La izquierda.
Y más allá de la derecha, una zona que todavía dependía de un hombre que no estaba allí.
Davout.
Napoleón calculó mentalmente las horas.
No necesitaba saber exactamente dónde se encontraba.
Todavía no.
La cuestión no era dónde estaba Davout en aquel instante.
La cuestión era cuándo estaría disponible.
Y mientras el enemigo continuara desplazándose hacia el sur, esa diferencia seguía estando a favor de Francia.
Napoleón cogió el lápiz.
Trazó una pequeña marca sobre el mapa.
Después otra.
—Que sigan avanzando.
Nadie preguntó a quién se refería.
No era necesario.
Fuera de la tienda, otro caballo llegó al galope.
El ordenanza desmontó.
Un mensajero cruzó la entrada con un despacho en la mano.
Berthier lo recibió antes de que pudiera llegar hasta Napoleón.
Rompió el sello y comenzó a leer.
Napoleón levantó ligeramente la mirada.
—¿Noticias?
Berthier continuó leyendo durante unos segundos.
Después dobló el documento.
—Sí, Sire.
Napoleón esperó.
—¿Davout?
Berthier negó con la cabeza.
—Todavía no.
Napoleón volvió la mirada hacia el mapa.
El movimiento enemigo continuaba.
Davout seguía en marcha.
Y, por el momento, eso era todo lo que podía saber con certeza.
06:47.
La mañana apenas comenzaba.
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