Napoleón — 1 de diciembre de 1805 — 05:12
¿Qué habría ocurrido si uno de los personajes más importantes de la Historia hubiera despertado convertido en mujer... y la Historia hubiera continuado desde ese mismo instante?
Creo que uno de los principales problemas de la comunidad TG en español es que, al final, casi siempre hacemos lo mismo: captions o historias de tres o cuatro capítulos protagonizadas por una persona completamente normal. No tiene nada de malo, pero me apetecía probar algo diferente.
Por eso he decidido iniciar un nuevo proyecto que mezcla TG e Historia. No sé cómo saldrá, pero me parece una idea lo suficientemente interesante como para intentarlo.
Las reglas son muy sencillas:
- Se buscará la ambientación histórica más realista posible, basada en personajes, lugares y acontecimientos reales.
- Solo existirá un elemento fantástico: el protagonista despertará convertido en una mujer biológica. De momento, no habrá ninguna explicación para ese fenómeno.
- A pesar del cambio, el protagonista conservará todos sus recuerdos, su personalidad, su inteligencia, sus conocimientos y sus habilidades.
- La historia transcurrirá prácticamente en tiempo real. Descubriremos qué le ocurre al protagonista segundo a segundo, sin los habituales saltos temporales.
- El objetivo no será centrarse en el sexo ni en la identidad de género, sino descubrir cómo habría cambiado la Historia si uno de sus personajes más importantes hubiera tenido que continuar su vida como mujer.
En definitiva, este proyecto intenta responder a una única pregunta:
¿Qué habría ocurrido si uno de los personajes más importantes de la Historia hubiera despertado convertido en mujer... y la Historia hubiera continuado desde ese mismo instante?
Y creo que no hay mejor forma de entender la idea que empezar por el primer expediente.
Napoleón Bonaparte
Fecha de nacimiento: 15 de agosto de 1769
Lugar de nacimiento: Ajaccio, Córcega
Edad al comienzo de la historia: 36 años
Fecha de inicio: 1 de diciembre de 1805
Hora de inicio: 05:12
Lugar: Cuartel general francés, cerca de Austerlitz (actual República Checa)
Cargo: Emperador de los Franceses y comandante del Grande Armée.
Situación histórica:
Napoleón se encuentra en la víspera de la Batalla de Austerlitz. Tras semanas de maniobras, ha conseguido atraer a los ejércitos ruso y austríaco al terreno que él mismo ha elegido. Su plan consiste en aparentar debilidad para provocar un ataque aliado y lanzar después un golpe decisivo sobre el centro enemigo.
Si todo sale según lo previsto, la batalla del día siguiente consolidará el dominio francés sobre Europa continental.
Estado del protagonista:
Confiado, sereno y completamente concentrado en la batalla del día siguiente.
Ignora que, en apenas unos instantes, ocurrirá el único acontecimiento imposible de toda esta historia.
Capítulo 1
1 de
diciembre de 1805
05:12
El frío.
Fue lo
primero que sintió.
No era un
frío intenso, sino constante, de esos que se cuelan lentamente bajo la ropa y
permanecen allí durante horas. Incluso dentro de la tienda imperial, el aire de
Moravia conservaba el olor húmedo de la tierra helada.
Napoleón
abrió los ojos.
No se movió.
Permaneció
inmóvil unos segundos, mirando la tela del techo apenas visible entre la
penumbra. El viento agitaba suavemente la lona, produciendo un crujido familiar
que llevaba semanas escuchando.
Inspiró
lentamente.
Leña
quemada.
Cuero.
Cera.
Tinta.
Aquel era el
olor de un ejército en campaña.
Fuera, algún
caballo resopló.
Después se
oyó el tintineo metálico de unas riendas.
Un centinela
carraspeó.
Nada fuera
de lo normal.
Movió
lentamente la mano derecha bajo la manta hasta encontrar el borde de la pequeña
mesa situada junto al catre.
Sus dedos
rozaron primero un mapa enrollado.
Después una
pluma.
Finalmente,
el reloj de bolsillo.
Lo acercó a
la tenue luz que se filtraba por la entrada de la tienda.
05:12.
Aún quedaban
varias horas para que el ejército comenzara a moverse.
Dejó el
reloj exactamente donde estaba.
Cerró los
ojos durante un instante, como si quisiera recuperar unos minutos más de
descanso.
Entonces
ocurrió.
Algo no
encajaba.
No fue un
dolor.
Ni un ruido.
Ni un
pensamiento.
Fue una
sensación.
Extraña.
Difícil de
describir.
La manta
descansaba sobre su pecho de una forma distinta.
Frunció el
ceño.
Sin abrir
los ojos, respiró hondo una segunda vez.
La sensación
continuaba.
Lentamente
levantó la mano izquierda.
La apoyó
sobre el pecho.
Se quedó
completamente inmóvil.
Había
resistencia.
Blanda.
Redondeada.
Durante
varios segundos no hizo absolutamente nada.
Su
respiración permanecía tranquila.
Solo sus
dedos comenzaron a explorar con una lentitud casi matemática aquello que
acababan de descubrir.
No era una
ilusión.
Retiró la
mano.
Abrió los
ojos.
Ahora sí.
Muy
despacio, sujetó el borde de la manta.
La apartó
apenas unos centímetros.
Miró hacia
abajo.
El silencio
pareció hacerse todavía más profundo.
No dijo una
palabra.
No gritó.
No apartó la
vista.
Simplemente
observó.
Dos pequeños
pechos ascendían y descendían acompasados con su respiración.
Parpadeó una
vez.
Después
otra.
Su expresión
apenas cambió.
Cualquier
otra persona habría buscado una explicación.
Napoleón
buscó un error.
Volvió a
cubrirse con la manta.
Cerró los
ojos.
Contó
mentalmente hasta diez.
Uno.
Dos.
Tres.
...
Diez.
Los abrió de
nuevo.
Nada había
cambiado.
El pecho
seguía allí.
Inspiró
lentamente.
Su mente
comenzó a trabajar con la misma rapidez con la que analizaba un campo de
batalla.
Primera
posibilidad.
Un sueño.
Descartada.
Segunda
posibilidad.
Una
enfermedad.
Improbable.
Tercera
posibilidad.
No encontró
una tercera posibilidad.
Por primera
vez en muchos años, Napoleón Bonaparte se enfrentaba a un problema para el que
no existía estrategia conocida.
Fuera de la
tienda, unos pasos comenzaron a acercarse sobre la hierba helada.
Se
detuvieron justo al otro lado de la lona.
Napoleón
giró lentamente la cabeza hacia la entrada.
Alguien
estaba allí.
Y, por
primera vez desde que abrió los ojos aquella mañana, comprendió que apenas disponía
de unos segundos para decidir qué hacer.
Continuará...
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